Seguimos siendo una sociedad en tránsito, en la búsqueda de una representación social que tamice la identidad dispersa de los argentinos proveniente de su origen multicultural e inmigrante.
El peronismo fue el primer movimiento nacional que supo interpretar las ansias, los deseos y las necesidades de una gran mayoría desplazada del reparto social mientras los beneficios de la riqueza nacional se concentraban en una sola clase social estigmatizada como "la oligarquía".
Sin embargo el peronismo no alcanzó para concretar un modelo social argentino común a la gran mayoría, la identidad general no se consiguió. Por el contrario la grieta social se amplió entre los sectores populares y los dueños de los factores de producción.
El tiempo ha transcurrido, diversos procesos se han sucedido, desde la violencia, la recuperación democrática y la instalación del neoliberalismo que vino a destruir los restos de aquella conciencia nacional, pero sobre todo la eliminación de toda formación educativa y académica, elemento vital para poder sojuzgar a una sociedad. Un pueblo sin identidad jamás será revolucionario.
Revolución no es postración. El peronismo del '45 puso de pie estructuras y categorías sociales que bien llevadas hubieran hecho de este país una potencia, pero no fue así.
La inexistencia de un proceso revolucionario que sea acompañado de una evolución en el pensamiento de la masa popular la convierte en víctima tanto de los burócratas monetarios como de los demagogos.
Este es el punto donde hoy se encuentra la Argentina, asaltada por un gobierno capitalista y privado de toda preocupación por la cuestión social y un régimen populista que distribuye bienes y servicios a bajo costo pero que no busca la elevación intelectual ni espiritual del pueblo.
El hombre es mucho más que eso.
Ahora el péndulo ha basculado hacia el pasado, el régimen nacional y popular dejando un claro mensaje de rechazo a los "mercados".
Los cuatro años por venir serán definitorios para comprobar si "el pueblo tiene razón" y se funda un Estado del bienestar, solidario y con la aspiración de elevar la categoría del pueblo argentino, o se termina otra vez "votando contra", para volver a comenzar otra vez.
Ernesto Bisceglia

