sábado, 10 de agosto de 2019

PASO 2019 de Salta: ¿Quién es quién y con quién?

No serán estas unas elecciones más, más allá del rito cívico de presentar el documento y elegir, detrás de esa elección existe un gran fraude, no electoral sino democrático, siempre que se entienda este término como el que contiene a todo lo que significa el espíritu republicano.

Será un fraude porque el sistema democrático en Salta está absolutamente descalabrado, se parece a esos muñecos articulados por una goma que cortada ésta queda todo contrahecho, sólo con una cabeza y los miembros que no responden a la armonía general.

En Salta los partidos políticos han sido triturados por los intereses personales y de los grupos de poder. Para que esto ocurra ha sido necesaria la complicidad explícita de los dirigentes de esos partidos que dieron como trofeo al gobernador Juan Manuel Urtubey sus banderas como trofeo a cambio de una vicegobernación, de un ministerio, de cargos menores. La cuestión es que había que prenderse al costo de cualquier ideal o dignidad.

El caso más patético es el Manuel Santiago Godoy, eterno presidente de la Cámara de Diputados quien vive del Estado desde los tiempos en que era amanuense de Roberto Romero, luego heredado a su hijo Juan Carlos Romero, no dudó en traicionarlo para ser funcional a Urtubey y ahora hila entre el kichnerismo y un PJ residual que buscando dónde ubicarse terminó de furgón de cola del espacio que lidera el "Oso" Leavy.

Los demás son sólo sellos que durante este tiempo de cambiaron por favores, cargos y dineros durante las negociaciones precedentes al armado de los Frentes que competirán.

De todos los trueques el más escandaloso es el que protagonizó Miguel Nanni, quien vituperó a Juan Carlos Romero y terminó empujando para salir junto a él en el mismo voto. El que se pavoneaba diciendo que sería candidato a gobernador por la UCR de Salta porque era el "dueño de la Lista 3" y trató de traidores a los radicales que siguieron a Luis "Lucho" Zavaleta que se integró al Frente de Gustavo Sáenz. Días después, Nanni discaba frenéticamente el número de Sáenz buscando un lugar y cuando por fin se sacó la foto con el actual intendente, horas después firmó su paso al bando de Alfredo Olmedo. Una felonía difícil de imitar, sin duda.

El ex Partido Renovador también terminó recalando entre los sellos que juntó "El Cepillo" Olmedo y ahora discuten si su presidente, Cristina Fiore acompañará al "Amarillo" como vice gobernador luego de haber pasado por todos los partidos ocupando cargos.

El actual vicegobernador, Miguel Isa se quedó esperando que Urtubey le ponga a disposición el aparato electoral y tuvo que forzar una alianza con el kirchnerismo de Leavy, que dicho sea de paso se postula a un cargo al que anticipó que renunciará. Muy ético todo.

En suma, ¿qué van a votar los salteños? Nada más que una legitimación de lo ilegítimo. Porque todo este desbarajuste necesita una justificación de legalidad. Estas elecciones sirven para blanquear el grado de amoralidad y el vacío de principios de una dirigencia agotada pero que todavía piensa jugar esta instancia para tratar de mantenerse viviendo del dinero de los contribuyentes.

Alguien tiene que decir que el sistema está terminado, que una época ha terminado, que las figuras ya no resisten análisis alguno y ni siquiera se merecen respeto porque ellos lo han faltado a todo el Pueblo de Salta.

Queda pensar en la República, en las instituciones, en salvarlas participando, votando, pero teniendo claro que si no nos movilizamos, si continuamos adormecidos opinando sólo desde una pantalla toda esta caterva de licenciosos del poder continuará esquilmando a los salteños con su codicia sin límite.

Si queremos un futuro para nosotros y para nuestra descendencia, por primera vez, pensemos a quién vamos a votar y para qué. Pero sobre todo, busquemos formas de participar, de opinar, que sepa esta "clase dirigente" que tratan con ciudadanos y no con una multitud de cómplices pasivos de sus nefastas ambiciones.

"Quiera el Pueblo votar", dijo Roque Sáenz Peña cuando firmó la Ley que consagraba el sufragio universal, secreto y obligatorio. Rindamos honor a esas palabras votando, pero a conciencia.-

Ernesto Bisceglia

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