domingo, 27 de diciembre de 2015

Conciencia: El temor te paraliza

Todas las personas están dotadas de las mismas capacidades espirituales y racionales para alcanzar las metas que deseen. Al menos esta es la regla natural. Sin embargo, ¿por qué muchos –quizá la mayoría- fracasan en convertirse en aquello que alguna vez desearon? La respuesta es simple, en algún momento tuvieron temor, estuvieron poseídas por el miedo.

El miedo no es solamente esa sensación que invade frente a lo desconocido, o ante un peligro inminente, o alguna amenaza externa. Más letal es el miedo que ataca a la psiquis, que opera en las sombra del inconsciente provocando que la persona no tome esas decisiones que quizás le abrirían un camino diferente.

Podría tal vez hablarse de una “escala” en el miedo; desde el “temor reverencial” hasta el pánico. En cualquiera de los casos el miedo paraliza, oscurece la mente y detiene la toma de decisiones.

Un temor muy particular y difundido es aquel que proviene de la imposición de dogmas (decretos), sociales, políticos y sobre todo religiosos. Constituyen verdaderas ataduras a la hora de tratar de ser uno mismo, en intensidad y libertad.

El miedo juega su combate en el cerebro y es allí donde hay que darle batalla con pensamientos positivos, aunque en un principio no se esté seguro de que vayan a resultar, pero hay que cambiarle la estrategia. El cerebro está acostumbrado a que se huya a refugiarse en creencias o sentencias que dan esa sensación de seguridad, pero cuando se le hace frente con ideas buenas, positivas, lo mismo que una serpiente atacada, el cerebro se retorcerá, pero terminará aceptando los nuevos paradigmas que la consciencia le impone.

Si no se libra esa batalla contra el miedo, éste terminará convirtiendo a su víctima en un ser gris, encorsetado en pensamientos limitados y así habrá perdido la gran oportunidad de ser exitoso.


Lic. Augusto Gattilusio Varano 

Entre el “Procesado” y la “Encausada”, la “Grieta argentina” continúa

Las elecciones que consagraron a Mauricio Macri como Presidente de la Nación Argentina ya pertenecen a la historia. El hecho objetivo es que un periodo terminó y otro comienza, una transición inevitable en orden a la Constitución Nacional.

Sin embargo, para algunos pareciera que el cumplimiento del mandato constitucional y su recambio de gobierno es un acto cuasidelictivo antes que un imperativo democrático. Continúan aferrados al pasado reciente defendiendo con garras a un gobierno que ya no existe y disparan toda clase de blasfemias sobre los recién llegados.

Honestamente, no es posible comprender esta actitud, porque más allá de quienes estuvieron o quienes ahora están en la Casa Rosada, el hecho fáctico es que un gobierno democrático no puede ser eterno sino al precio de convertirse en una dictadura.

Lógicamente, el Kirchnerismo tenía que salir del poder y entrar otro, el que sea; en este caso le tocó al espacio político que lidera Mauricio Macri. Listo, cosa juzgada.

Quedan todavía algunos que atrincherados en las redes sociales disparan contra el Presidente Macri tildándolo de “El Procesado” por aquella causa de las escuchas judiciales, olvidándose que el gobierno anterior se lleva la palma en materia de funcionarios encausados y procesados; desde la propia ex Presidente, Cristina Fernández, pasando por su Vicepresidente, Amado Boudou y así una lista de más de 700 causas abiertas.

Pensamos que no tiene sentido la continuidad de esta batalla dialéctica. El gobierno “K” ha terminado su ciclo y podrá volver quizás en 2019, pero ahora gobierna otra gente y es de ciudadanos nobles aceptar lo que la mayoría, por exigua que haya sido la diferencia, ha determinado.

La Constitución Nacional, ha hablado. Y punto.


Ernesto Bisceglia

jueves, 24 de diciembre de 2015

Navidad, una oportunidad para renovar el Alma

Debiéramos aprender que la Navidad contiene un sentido mucho más profundo que el sólo hecho social de la reunión en familia y el despliegue de exquisiteces.

Incluso, va más allá de la entronización de las figuras del Pesebre, de la propia instrucción catequística con que se se entiende esta festividad.

La Navidad, más que nada es una Oportunidad singular para realizar un examen de Conciencia, para calificar en la balanza el peso de los valores verdaderos del Hombre, que no precisa de ser católico exactamente para vivenciar el espíritu de este Día.

Navidad, es justamente, nacer, o renacer, en el espíritu de la Paz y el Bien, ideas supremas en el pagano Platón y el "leiv motiv" del Santo por excelencia, San Francisco de Asís.

Esta coincidencia de pedagogía entre el pagano y el Santo denuncian la dimensión extraordinaria que tiene el sentido de la Navidad.

Quiera el Buen Dios, allanar el camino de las Conciencias para que los hombres comprendan que deben pensar distinto porque son libres, que deben actuar según sus rectas intenciones, pero que más allá de todas las diferencias culturales, religiosas y políticas, son UNO solo en el Espíritu del Universo.

¡Feliz Navidad!

Ernesto Bisceglia

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Carta Abierta a la cáfila kirchnerista y a su líder, Cristina Fernández

Soy un ciudadano común que trató siempre de mantener en alto los valores patrióticos y cívicos que nos inculcaron aquellas maestras cuando la educación argentina todavía era un orgullo. Atravesamos la Dictadura y desembocamos en la Democracia a la cual adherimos con gran entusiasmo en tiempos del Dr. Raúl Ricardo Alfonsín, que pronunció aquella frase memorable el día de su asunción: “Vamos a hacer un Gobierno decente”.

Creo que desde el día en que tuvo que entregar su mandato apresuradamente, no hemos vuelto a tener un “Gobierno decente”. Mucho menos el suyo, Cristina, que permitió el más impune enriquecimiento de sus funcionarios y amigos.

La famosa “Década Ganada”, sólo fue para unos cuantos, mientras el concierto de la población se hundió en la inseguridad, la decadencia más abyecta, la desprotección del País, la destrucción de la educación, porque piense, llenar las aulas de gente –“contener”- no es sinónimo de instruir. En fin, el remedio fácil ha sido el subsidio a mansalva, nunca el trabajo fecundo.

La destrucción del Estado argentino es cosa que todos conocemos, inútil sería abundar en esta necropsia verbal de lo que alguna vez fue la orgullosa República Argentina.

Algunos, como es mi caso, hemos resistido a este Gobierno denunciando desde las columnas de distintos medios, desde nuestros espacios en la Web, el despotismo del kirchnerismo, su consumada auto-idolatría, su exasperante mendacidad.

Usted, Cristina, destruyó y tergiversó la historia, la reciente y la pasada para acomodarla a un “relato” fácil de vender a las mentes previamente despojadas de conocimiento. La hipoteca intelectual que le deja al País no podrá ser levantada ni siquiera en las dos venideras generaciones.

Escribo con inocultable satisfacción lo que será mi última diatriba contra su Gobierno y la banda de delincuentes que entronizó para enriquecerse, mientras saboreo las últimas horas que le quedan su “DiKtadura”.

Incluso así, agonizante, Usted, señora Cristina, lo mismo que las serpientes más venenosas, se retuerce buscando cómo morder a quien sea, cómo tentar la muerte de quien supone la atacó; de esa manera, indiscriminadamente, mostrando su esencia de ofidio, digna descendiente de aquella maldecida por el Creador.

No ataca con sus absurdos berrinches a un político que le ganó las elecciones, maltrata al todo el Pueblo Argentino, incluso a sus adherentes, porque descalifica para nosotros y para el mundo que nos mira a la democracia argentina, mostrando que Usted y sus adláteres, no son políticos, sino una patota de maleantes prontuariados que pretenden salpicar con su conducta de burdel a todos los demás ciudadanos.

Se marcha en su ley, Señora Cristina, revestida de la pátina de soberbia y de abyecto egocentrismo, sin darse cuenta que este final político es una enseñanza que la vida le está dando, diciéndole que incluso Usted y sus riquezas acumuladas, dentro de poco tiempo, no serán más que polvo.

Por suerte, al polvo se lo lleva el viento, y será el viento de la historia el que borre todo vestigio del saqueo institucional al que sometieron a todos los argentinos.

Disfrute Usted y su gavilla de malhechores de las riquezas obtenidas, que si no es la Justicia, será el Tiempo quien dará cuenta de sus tristes personas.

Atentamente


Ernesto Bisceglia