Soy un ciudadano común que trató siempre de mantener en alto
los valores patrióticos y cívicos que nos inculcaron aquellas maestras cuando
la educación argentina todavía era un orgullo. Atravesamos la Dictadura y
desembocamos en la Democracia a la cual adherimos con gran entusiasmo en
tiempos del Dr. Raúl Ricardo Alfonsín, que pronunció aquella frase memorable el
día de su asunción: “Vamos a hacer un Gobierno decente”.
Creo que desde el día en que tuvo que entregar su mandato
apresuradamente, no hemos vuelto a tener un “Gobierno decente”. Mucho menos el
suyo, Cristina, que permitió el más impune enriquecimiento de sus funcionarios
y amigos.
La famosa “Década Ganada”, sólo fue para unos cuantos,
mientras el concierto de la población se hundió en la inseguridad, la
decadencia más abyecta, la desprotección del País, la destrucción de la
educación, porque piense, llenar las aulas de gente –“contener”- no es sinónimo
de instruir. En fin, el remedio fácil ha sido el subsidio a mansalva, nunca el
trabajo fecundo.
La destrucción del Estado argentino es cosa que todos
conocemos, inútil sería abundar en esta necropsia verbal de lo que alguna vez
fue la orgullosa República Argentina.
Algunos, como es mi caso, hemos resistido a este Gobierno
denunciando desde las columnas de distintos medios, desde nuestros espacios en
la Web, el despotismo del kirchnerismo, su consumada auto-idolatría, su
exasperante mendacidad.
Usted, Cristina, destruyó y tergiversó la historia, la
reciente y la pasada para acomodarla a un “relato” fácil de vender a las mentes
previamente despojadas de conocimiento. La hipoteca intelectual que le deja al
País no podrá ser levantada ni siquiera en las dos venideras generaciones.
Escribo con inocultable satisfacción lo que será mi última
diatriba contra su Gobierno y la banda de delincuentes que entronizó para
enriquecerse, mientras saboreo las últimas horas que le quedan su “DiKtadura”.
Incluso así, agonizante, Usted, señora Cristina, lo mismo
que las serpientes más venenosas, se retuerce buscando cómo morder a quien sea,
cómo tentar la muerte de quien supone la atacó; de esa manera,
indiscriminadamente, mostrando su esencia de ofidio, digna descendiente de
aquella maldecida por el Creador.
No ataca con sus absurdos berrinches a un político que le
ganó las elecciones, maltrata al todo el Pueblo Argentino, incluso a sus
adherentes, porque descalifica para nosotros y para el mundo que nos mira a la
democracia argentina, mostrando que Usted y sus adláteres, no son políticos,
sino una patota de maleantes prontuariados que pretenden salpicar con su
conducta de burdel a todos los demás ciudadanos.
Se marcha en su ley, Señora Cristina, revestida de la pátina
de soberbia y de abyecto egocentrismo, sin darse cuenta que este final político
es una enseñanza que la vida le está dando, diciéndole que incluso Usted y sus
riquezas acumuladas, dentro de poco tiempo, no serán más que polvo.
Por suerte, al polvo se lo lleva el viento, y será el viento
de la historia el que borre todo vestigio del saqueo institucional al que
sometieron a todos los argentinos.
Disfrute Usted y su gavilla de malhechores de las riquezas
obtenidas, que si no es la Justicia, será el Tiempo quien dará cuenta de sus
tristes personas.
Atentamente
Ernesto Bisceglia
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