Todo nacimiento es precedido de dolores de parto, pasado el
sufrimiento sobreviene la luz y el llanto que provoca la alegría. Una nueva
vida que se anuncia bajo el sentimiento de esperanza.
El ciclo que trae a la vida al ser humano se repite en el
plano del espíritu cuando decidimos nacer a una nueva Luz luego de que nuestra
Conciencia ha tomado el camino de la asunción de sí misma y se siente parte
integrante del Universo.
Porque el sistema de educación pública tanto como el de la
enseñanza religiosa han sido concebidos para acotar la libertad de la razón y
uniformar el criterio. Pensar es un acto revolucionario que podría cambiar el
sistema social de una comunidad, y todo en conjunto, cambiar el rumbo del
Planeta.
Eso es conocido por los dueños de la “Organización” quienes
son socios en lo civil y lo religioso, por lo tanto han domesticado a
generaciones y generaciones ilustrándolos en los peligros de pensar fuera del
manual o de la Biblia. Cuando precisamente la Biblia, en particular el Nuevo
Testamento con un canto surgente a la más universal y maravillosa Libertad.
Jesús enseña que “El que no naciere de nuevo no puede ver el
Reino de Dios” (Jn 3-3), pero, ¿puede el hombre maduro nacer de nuevo?,
preguntaron los judíos. El nacimiento al que refiere Jesús es aquel del
Espíritu, y el Espíritu es Libre y sopla donde quiere: “El viento sopla por
donde quiere, y oyes su sonido; pero no sabes de dónde viene ni a dónde va; así
es todo aquel que es nacido del Espíritu” (Jn 3-8).
No se trata pues de cuestiones dogmáticas emanadas del
catolicismo, sino de interpretar la propia enseñanza del Maestro quien dice que
no te ates a las reglas sino que vueles a donde el Espíritu te convoca.
Se puede hacer mucho bien en la Libertad de Ser y de Pensar,
antes que privarse por prejuicio de los decretos.
Se Libre y Ama, lo demás no importa.
Ernesto Bisceglia

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