Todo nuevo emprendimiento genera en ocasiones temor, pero
nada como tentar cambiar de estructura mental porque entonces sobrevienen, los
mandatos familiares, los prejuicios, culturales, sociales y sobre todo los
religiosos.
Somos hijos de los mandatos familiares, los que recibimos
desde la gestación, de las impresiones que dejan en nuestra conciencia los
hechos y dichos que nos enseñan nuestros mayores. Luego, de los
condicionamientos sociales que impone el entorno. Finalmente, en muchos casos,
de los pensamientos, de las ideas y de los dogmas con que las religiones sellan
la obediencia debida a sus jerarquías.
Si se piensa sobre esto, se notará el enorme “corpus” de
decretos que han moldeado nuestra conciencia: eso somos, ni más ni menos.
Frente a esta realidad, la pregunta es: ¿Pero, somos libres
según corresponde a nuestra esencia como seres inteligentes?
Sería largo listar
las frustraciones que se cargan en la mochila de la conciencia, los “no
puedo”, “no sé”, “no me animo”, que han dado como resultado que en incontables
ocasiones no podamos realizarnos como personas íntegras. Siempre, siempre
existe alguna deuda existencial.
Cuando uno decide arrojar al cesto toda esa carga suelen
aparecer dos realidades: la culpa y el miedo.
La culpa es un karma que detiene, que demora la toma de
decisiones pero con el tiempo –años a veces- puede sortearse, siempre y cuando
se quiera realmente evolucionar.
Pero el miedo paraliza, mata las ideas, destruye los
caminos; enferma.
No es fácil superar el Miedo. En ocasiones hay que recurrir
a una ayuda externa, pero finalmente, la decisión de superarlo será íntima,
porque somos dueños de nuestro propio destino, el que forjamos según nuestras
decisiones.
Un ejercicio interesante es racionalizar el MIEDO,
desmenuzándolo en un acróstico:
M – Mentira
I - (de la )
Imaginación
E - (que se) Elimina
D – (con) Decretos
O – Opulentos
Cuando sobreviene el Miedo, hay que triturarlo visualizando este
esquema y razonando que es una MENTIRA porque lo que nos asusta aún no ocurrió,
y si nos tranquilizamos, probablemente no ocurra jamás.
Mentira de la IMAGINACIÓN, pues lo que asusta en la realidad
no existe, aún no pasó, por lo tanto temer ante lo que no está no se sustenta.
Que se ELIMINA, es decir, hay que trabajar la mente para
destruir al Miedo, destrozarlo con un trabajo de la razón.
Con DECRETOS, porque cuando el MIEDO sobreviene hay que
decretar cosas buenas, oponerle mentalmente pensamientos positivos, pues lo
bueno depende de lo que nosotros decidamos de allí en más.
OPULENTOS, o sea, decretos que contengan deseos espléndidos,
generosos, pródigos.
Crecer en la conciencia es un trabajo arduo, complejo, que
requiere de mucha constancia, pero que puesta a practicar, en un tiempo
razonable comenzará a tranquilizar el espíritu, a ordenar la mente y
encaminarnos hacia objetivos deseados y prósperos.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario