Las caras largas y algunas lágrimas marcaron la postal del
escenario, repleto de ministros sciolistas, algunos intendentes y los fallidos
ministros anunciados por Scioli, como Diego Bossio -que fue uno de los tres que
tomó la palabra antes- o Julián Domínguez. Los únicos kirchneristas duros que
se dejaron ver en el hotel fueron Oscar Parrilli y Agustín Rossi, pero ninguno
de los dos pisó el escenario. El único allí fue Carlos Zannini, obligado.
Ni Cristina Kirchner ni los popes de La Cámpora estuvieron
en el bunker de la derrota. El candidato del FPV había reservado para la
Presidenta el piso 11 del hotel, pero ella eligió recluirse en Olivos. Después
de una campaña llena de tensiones, mañana lo recibirá en la Casa Rosada.
Reclamos
Claro que el clima en el bunker sciolista no era el ideal
para Cristina y los chicos de la agrupación de Máximo. “El peor error fue que
ponga a Aníbal. Por poner a Aníbal ahora paga todo el pueblo y nos jugaron en
contra en la Provincia”, lamentaba una militante sciolista, dispuesta a que la
escuche todo el que quiera.
“Randazzo es un traidor hijo de puta”, disparó otra
sciolista, que también se despachó contra la clase media. “Somos creadores de
gorilas. Les dimos casa, auto y ahora nos miran por arriba del hombro”,
reprochó.
A 50 metros, las imágenes contrastaban. Entre los militantes
de pie de las agrupaciones ultrakirchneristas se repetían las lágrimas, los
abrazos y la desazón. Pero los que encabezaban la movilización insistían con
mostrarse eufóricos, casi como festejando un triunfo. Todos los cánticos eran
alusivos a Cristina y a Néstor, ninguno a Scioli que apenas recibió el calor
militante cuando salió del hotel y fue ovacionado por un grupo de Quebracho.

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