El día en que Néstor Kirchner se convirtió en Presidente de
la Nación a instancias de un peronista, Eduardo Duhalde, se firmó el acta de
defunción del Movimiento Nacional Justicialista.
El Kirchnerismo se apropió de todo el peronismo y lo
atomizó, lo redujo a su mínima expresión, lo privó la de la mística desterrando
las imágenes de Juan Domingo Perón y de Eva Duarte, eliminó la “Marchita” y se
erigió en un Régimen personalista: “Él” y “Ella” (Néstor y Cristina) llegaron
para reemplazar al General y a la “Jefa Espiritual de la Nación”.
Así el Kirchnerismo asesinó al Peronismo con su desmesurada
ansia de poder omnímodo, con su intención manifiesta de perpetuidad,
destruyendo a la democracia y convirtiéndose casi en una monarquía.
El Pueblo en su gran mayoría comprendió la jugada, pero
quería la Democracia y no el autoritarismo y comprendió que si ganaba Daniel
Scioli, éste devendría en el “Chirolita” de un Zanini que gobernaría para el Régimen
oculto.
Por eso, a Daniel Scioli no lo derrotó Mauricio Macri en
definitiva, sino el mismo Kirchnerismo. Scioli es la víctima política de CFK a
quien ella misma degradó permanentemente.
Ahora hay que cuidar a Mauricio Macri para que CFK y los
esbirros de La Cámpora no lo conviertan en otro De La Rúa, porque esa será la
tarea, desgastar para destruir. Porque no saben hacer otra cosa.
Ernesto Bisceglia

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