ARGENTINA.- En 1845, Domingo Faustino Sarmiento publicó “Facundo
o civilización y barbarie en las pampas argentinas”, donde trazaba los perfiles
de dos arquetipos de la época; los ilustrados señores unitarios frente a los
desarrapados caudillos del interior.
Para los primeros el progreso era la senda que marcaba la
civilización al estilo de los europeos que habían colonizado el Mississipi
norteamericano, el debate político y la organización constitucional. Los caudillos
representaban la incultura, el degüello del adversario y las guerras
fratricidas. La dicotomía se solucionaba para Sarmiento con el exterminio de
estos últimos.
Han transcurrido dos siglos desde aquellos días
fundacionales y sin embargo los argentinos continúan reeditando aquellas
encontradas formas de expresión que todavía impiden la unión nacional para el
progreso y el desarrollo definitivos.
La nota gráfica ilustra la reacción de un grupo de jóvenes
kirchneristas luego de conocer la derrota de su candidato, Daniel Scioli,
cometiendo un acto sacrílego frente a la Catedral Metropolitana, donde además
reposan los restos del General, José de San Martín, el Padre de la Patria.
Es el saldo de una década de destrucción de la educación, de
distorsión de la historia y de violación sistemática de la igualdad
republicana, donde un gobierno les hizo creer que ser minoría da derechos
propios de mayorías, dos conceptos equivocados para la Constitución Nacional.
Hora es de recomenzar a recorrer un camino nuevo, zurciendo
las diferencias y apostando a la unidad, un derrotero que tendrá en la política
educativa su mayor responsabilidad.
Ernesto Bisceglia

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